3- ARQUITECTURA ROMÁNICA: EL MONASTERIO Y LA IGLESIA

El Románico es un estilo que nace y se desarrolla durante el siglo XI y primera mitad del siglo XII, coincidiendo con el renacimiento de la orden monástica benedictina, con el flujo de las peregrinaciones y con las Cruzadas. En él confluyen las construcciones romanas y la herencia de los pueblos bárbaros, pero también integra influencias del arte califal de Córdoba y del oriental de Bizancio.

En este período de la Edad Media, los monjes se convirtieron en mediadores entre lo divino y lo humano. En sus dominios, desarrollaban una economía autosuficiente gracias a los cultivos y la ganadería; además eran los principales centros culturales, donde se copiaba y conservaba todo el saber de su tiempo en los libros de las bibliotecas.

Dos abadías fueron las encargadas de forjar el arte románico, tanto a nivel estético como de mentalidad:

  • Cluny: los cluniacenses favorecen el culto a las reliquias y crean las iglesias de peregrinación. Sus edificios destacan por su riqueza decorativa.
  • Citeaux/Císter: los cistercienses, como reacción contaria al orgullo de Cluny, postulan la humildad benedictina y la austeridad ornamental.

La fe en la reliquias promovió un nuevo fenómeno social: la peregrinación penitencial. Los tres centros de interés eran los Santos Lugares de Jerusalén, las catacumbas de Roma y el sepulcro de Santiago Apostol en Galicia. Por este motivo, el Camino de Santiago se convirtió en la gran arteria medieval, donde transitaban personas de diferentes lugares de Europa.

Los arquitectos franceses que vinieron a España para importar los modelos cluniacenses también se vieron influidos por el arte de Al-Ándalus e incorporaron ciertas elementos, como los arcos polilobulados, los modillones de rollos o las cúpulas nervadas.  

La arquitectura vertebró el arte románico. La escultura en los relieves de portadas y capiteles, las pinturas murales y las vidrieras quedan al servicio de las dos principales manifestaciones arquitectónicas: la iglesia y el monasterio.

La bóveda de cañón es el elemento distintivo del  románico. En este período, se extendió el uso de la piedra como material de construcción por varios motivos, como seguridad ante incendios, mejor acústica o la solidez estructural. Sin embargo, generaba un problema por la distribución del peso. La solución fue fragmentar la cubierta abovedada mediante arcos transversales (o fajones) que descargaban el peso en pilares.


En caso de que el edificio tenga tres naves, la bóveda central se contrarresta con bóvedas de arista o de cuarto de círculo y se sitúa un contrafuerte exterior en el eje de los arcos fajones.

La iglesia es el edificio principal en la arquitectura románica. En su estructura se observan todos los elementos anteriores. El templo solía estar orientado hacia el este y su planta (de cruz latina) evoca el cuerpo crucificado de Cristo: el ábside alberga la cabeza, el transepto representa los brazos, el crucero se corresponde con el corazón y los pies quedarían en el pórtico de entrada.

El espacio interior se concibe para el esplendor de las liturgias y, en su caso, el culto a las reliquias. En el caso de éstas últimas, se desarrollaron soluciones constructivas nuevas para facilitar la visita al templo y la adoración de las piezas sagradas:

  • Deambulatorio: también llamado girola, es un pasillo que circunvala el presbiterio y permite visitar el templo sin interrumpir las celebraciones.
  • Absidiolos: pequeñas capillas semicirculares con altares para la oración privada.
  • Tribuna: galería alta que recorre el transepto para aumentar el aforo del templo y mejorar la iluminación.
  • Pórtico interior en la fachada: pensado para albergar y dar cobijo a los peregrinos.

Esta estructura se extendió a las iglesias y a los santuarios de peregrinación promovidos por Cluny.

La Catedral de Santiago de Compostela es la obra más sobresaliente del arte románico en nuestro país. En este templo destaca el Pórtico de la Gloria, considerado la cumbre de la escultura de este estilo en España.


El monasterio es el edificio religioso donde viven los monjes, que son personas que deciden consagrar su vida a Dios. Según los principios cistercienses, debían ubicarse alejados de las ciudades y de los castillos y en lugares donde hubiese agua, de manera que los monjes no tuviesen que salir fuera del recinto.

Los monasterios satisfacen las necesidades fundamentales de los monjes: cobijo y albergue, aislamiento para la meditación, recursos para la subsistencia y lugares para el trabajo y/o el estudio.


La iglesia (1) es el edificio principal del monasterio. Contiguo al templo, está el claustro (17) que simboliza el paraíso terrenal: aire libre, cielo abierto, sol, árboles, pájaros y elementos decorativos para crear un espacio que evoca el Jardín del Edén. El claustro también se convierte en el espacio que distribuye el resto de estancias.

La sala capitular (4) es el lugar donde se discuten los principales asuntos del monasterio, en reuniones presididas por el abad. Hay una sala destinada a trabajos manuales (7), a menudo relacionados con la copia manuscrita de libros.

El refectorio es el comedor, diferenciando las salas reservadas para los religiosos ordenados (10) y donde comían los conversos (13). En la zona más cercana al pórtico de entrada de la iglesia se localizaba la cilla (o granero (15) que contenía las oficinas de administración monástica y donde también se almacenaban los productos producidos en el interior o recibidos desde el pueblo.

El monasterio de Santo Domingo de Silos es uno de los edificios más emblemáticos de este período en España, destacando su claustro.

Entradas populares de este blog

1- EL TEMPLO GRIEGO

2- ARQUITECTURA Y URBANISMO EN ROMA

V- Miguel Ángel, Rafael y Leonardo. Mecenazgo y pintura