V- Miguel Ángel, Rafael y Leonardo. Mecenazgo y pintura

El Renacimiento. Introducción

El Renacimiento es un período de transición entre la Edad Media y la Edad Moderna. Se sitúa en los siglos XV y XVI en la Europa Occidental. Se caracteriza por la recuperación de los valores espirituales y formales de la antigüedad clásica, que habían permanecido sepultados durante la Edad Media.

Entre los valores espirituales, destacaron el estudio de las humanidades, orientadas perfeccionar la naturaleza humana y preparar al hombre para la vida pública potenciando sus virtudes cívicas.

Entre los valores formales, exaltaron los elementos del arte grecorromano, realizando un estudio científico de técnicas, proporciones y sistemas matemáticos usados en las obras clásicas. El retorno a modelos antiguos también fue una vía para recuperar la moral evangélica y hacer del arte una herramienta para reivindicar valores tradicionales.

La ciudad de Florencia se convierte en la capital del Renacimiento. Su emergente economía atrae no sólo a los comerciantes y banqueros, sino también a los principales artistas del siglo XV. Tres principios destacan en el estilo renacentista:

  • antropocentrismo: el hombre ocupa el centro del universo
  • teoría de las proporciones del cuerpo humano: se recupera el canon ideal de proporciones de Lisipo (ocho cabezas) y se entiende que la altura total debe ser igual a la envergadura (longitud de los brazos extendidos)
  • leyes de la perspectiva: se incluyen los personajes en marcos urbanos, por lo que se busca que haya una armonía entre los seres humanos y los elementos naturales y arquitectónicos.

Mecenazgo y pintura en el Renacimiento

El mecenazgo es la protección y la ayuda que se facilita a una actividad artística. Durante el Renacimiento, los artistas encontraron dos vías principales para desarrollar su trabajo: el mecenazgo de la floreciente burguesía y el de la Iglesia. Por un lado, Florencia se convierte en el epicentro del mecenazgo burgués, mientras que la ciudad de Roma, en concreto, el Vaticano concentra el religioso.

En el siglo XV, el territorio de Italia está dividido en ciudades-estado que son gobernadas por príncipes y donde las ricas familias burguesas ejercen un gran poder social, económico y político. En este período destaca la familia de los Medici, en Florencia. 

El gusto por la ostentación, la belleza monumental, el lujo en las vestiduras y la decoración en las viviendas es algo muy vivo en estas cortes. Se multiplican las fiestas y las recepciones, lo que hace que aumente la demanda de encargos artísticos. Estos patronos se oponen frontalmente al gusto gótico, lo que impulsa el arte humanista y los valores renacentistas.

Al servicio de la familia Medici trabajaron artistas tan destacados como Miguel Ángel Buonarroti o Leonardo Da Vinci.

La pintura en este período se convierte en la vía para inmortalizar a los nobles. Los personajes más célebres de la época aparecen en las obras, ya sea protagonizando retratos o incluidos como parte de escenas de carácter religioso.

Fruto de este mecenazgo renacentista es la "Gioconda", la obra más conocida de Leonardo Da Vinci. Esta misteriosa obra fue realizada en Florencia a principios del siglo XVI, redefiniendo el retrato a nivel conceptual y formal.

El Vaticano es el foco de atracción para los principales artistas del Renacimiento, que acuden a la llamada de los diferentes Papas. Entre los excepcionales trabajos de estos períodos, destacan trabajos exhibidos en espacios públicos sagrados y obras destinadas a espacios privados.

Además, a lo largo del siglo XVI en algunas ciudades-estado se producen revueltas populares. En Florencia, la muerte de Lorenzo de Medici (conocido como Lorenzo El Magnífico) abre una crisis en la ciudad toscana, marcando su fin como capital del arte del Renacimiento.

Roma atrae entonces a los principales genios de la época, como Rafael o Miguel Ángel. Los Papas y el Vaticano se convierten en los principales patronos. La Iglesia, en época de reformas y conflictos religiosos en toda Europa, busca atraer y emocionar al público. Bajo los pontificados de Julio II y de León X, Roma va a ser el escenario de la etapa dorada del Renacimiento.

Para los artistas, estos encargos vaticanos no son sólo una fuente de ingresos, sino también un modo de aumentar su prestigio. Entre la pintura de este período, destacan las obras de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina y de Rafael en las habitaciones del Palacio Apostólico.


Los frescos de Miguel Ángel Buonarroti en la Capilla Sixtina se consideran una de las obras maestras del arte universal. A pesar de considerarse escultor, el artista florentino se vio obligado a aceptar este encargo. Su labor se dividió en dos fases: entre 1508 y 1512 pintó la bóveda de la capilla, mientras que el ábside lo realizó entre 1536 y 1541.

En la cúpula refleja escenas del Génesis, destacando el momento de la Creación. Miguel Ángel estructura sus pinturas al fresco simulando elementos arquitectónicos (como pechinas) para organizar las escenas. En el ábside representa el Juicio Final en una gran composición única, presidida por la imagen de Dios.


Mientras las pinturas al fresco de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina estaban en un espacio común, el trabajo más conocido de Rafael Sanzio se ubicó en unas estancias privadas. Rafael también uso la técnica de pintura al fresco para decorar las habitaciones del Palacio Apostólico del Vaticano. Entre sus creaciones, destaca "La Escuela de Atenas", llevada a cabo entre 1509 y 1511.

En ella, Rafael se sirve con maestría de la perspectiva lineal para representar a los pensadores más destacados de la Antigüedad. Se trata de un tributo a la Filosofía, que se complementa conceptualmente con otras obras que se encuentran en la misma habitación: "La Disputa", en referencia a la Teología, y "El Parnaso", en relación con la Literatura.

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