5- ARTE ISLÁMICO EN ESPAÑA
El arte islámico en España se desarrolla entre los siglos VIII y XV. Tomando como base la religión musulmana, viene determinado por los textos sagrados del Corán, la cultura árabe y las influencias de los países conquistados en su expansión. De hecho, la herencia de las tradiciones de Asia Occidental y del legado artístico grecorromano se recogió en el arte islámico y se expandió por los territorios del norte de África y la Península Ibérica, dando una sensación de unidad.
Durante la presencia musulmana en la Península Ibérica, se encuentra una evolución política que se refleja en el arte islámico de Al-Ándalus. En estos ocho siglos, destacan especialmente tres etapas:
I. Arte califal (929-1031). Coincide con la proclamación del Califato de Córdoba por parte y es la etapa de máximo esplendor. La obra más representativa de este período es la Mezquita de Córdoba.
II. Arte de los reinos de taifas, almorávides y almohades (1031-1235). Tras fragmentarse el Califato, florecen ciudades que se convierten en capitales de reinos. Entre ellas, sobresalen lugares como Zaragoza, Murcia o Sevilla; en esta ciudad andaluza se encuentran monumentos tan destacados como la Giralda o la Torre del Oro.
III. Arte nazarí (1235-1492). Se vincula con el período en que el Reino de Granada se convierte en el último reducto de los musulmanes en la Península. La gran obra de este período es la Alhambra de Granada.
El arte islámico se caracteriza por su capacidad de asimilar y reinterpretar elementos artísticos tomados de distintas culturas y fundirlos con sus propias raíces para crear nuevas formas. Un ejemplo de ello es la arquitectura: los pueblos que habitaban Arabia eran nómadas, por lo que tuvieron que asimilar las técnicas de construcción de edificios que encontraron en los territorios conquistados durante su expansión.
El estilo se caracteriza por no utilizar la figura humana, ya que Alá no puede ser representado. Salvo algunas excepciones, el arte islámico no reproduce seres humanos, ya que se considera que esta es una tarea reservada a Dios.
Por este mismo motivo, el mundo islámico busca crear con el arte un ambiente puramente religioso, donde la representación de la realidad es secundaria.
Así abundan las composiciones geométricas y abstractas: no sólo evitan la representación humana, sino que su armonía y la complejidad de las composiciones plasman la visión del mundo transmitida por Mahoma.
La decoración geométrica se convierte en un rasgo muy destacado, siendo característico el mocárabe. Este tipo de ornamentación, en forma de primas colgantes yuxtapuestos, sigue patrones matemáticos, demostrando la destreza árabe en este campo científico. También se recurre a elementos naturales para decorar, como es el caso del ataurique. Estos rasgos estilísticos resultan atractivos a la vista y plantean también una estimulación mental.
Del arte islámico en la Península Ibérica, destaca sobre todo el legado arquitectónico. Los dos tipos de edificios más destacados son las mezquitas (sobresaliendo la de Córdoba) y los palacios (siendo el más representativo la Alhambra de Granada).
Las características de la arquitectura islámica muestran la integración de diferentes estilos y culturas, asumidos por el pueblo musulmán durante su expansión a lo largo de diferentes siglos y en extensos territorios.
Dentro de este eclecticismo, se ven elementos comunes. Por ejemplo, abundan las cubiertas planas con techumbre de madera, usando estructuras adinteladas. Sin embargo, también se utilizan bóvedas y cúpulas. Se usan finas columnas y ligeros pilares en las cubiertas planas, mientras que se recurre a gruesos pilares en las formas cupuladas, además de los muros. Se combinan gran variedad de arcos, siendo los de herradura los más característicos. Las plantas de los edificios varían mucho, pero suelen usar formas regulares.
Un rasgo esencial es que se da más importancia al interior que al exterior de los edificios. Por ello, los palacios se estructuran en torno a jardines y patios interiores. Las mezquitas también suelen ofrecer austeridad en su parte externa, reservando los principales elementos decorativos para los espacios interiores.
Esa importancia de la decoración interior es característica del arte islámico. Usan diversos tipos de materiales (yeso, madera, azulejos…), realizando motivos decorativos epigráficos (caligrafía árabe), geométricos (lacerías y entrelazados) y vegetales.
