10- EL BARROCO EN MURCIA: SALZILLO

 EL BARROCO EN MURCIA SALZILLO

LA ESCULTURA BARROCA 

La escultura española se caracterizó por su temática religiosa. Se abandonó la escultura monumental y funeraria y -como en el siglo XVI- se siguió cultivando el retablo. 

Dado su carácter básicamente religioso, se parte de la inspiración directa en la realidad, con la finalidad de despertar la devoción de los fieles, conforme a los principios emanados del Concilio de Trento.

Los artistas se distinguen en el campo de la IMAGINERÍA. Figuras exentas para iglesias y conventos y "pasos" para las procesiones de Semana Santa-,logrando gran perfección en la TALLA DE MADERA -material empleado casi exclusivamente en la TÉCNICA DEL POLICROMADO, poniendo de relieve la formación pictórica de muchos de los escultores de este período.


CARACTERÍSTICAS DE LA ESCULTURA

El material empleado con preferencia casi absoluta fue la madera. Una vez concluida la talla, la escultura se recubre con una delgada imprimación de yeso luego se lijaba cuidadosamente y quedaba lista para pintarla al óleo o para dorar las partes que debieran ser ESTOFADAS.

Los retablos se hacen de gran monumentalidad. En estos retablos, se ven las principales escenas de las vidas de Cristo y de la Virgen. La columna salomónica es el soporte más socorrido por razón de su movimiento y la significación: dolor, angustia, muerte, éxtasis.

Los artistas dotaron a las imágenes de ricas vestiduras, cabello, ojos y lágrimas de pasta o cristal, coronas de espino o metálica. 

Los escultores trabajan ordinariamente para gremios y cofradías, entidades que rinden cultpo a las imágenes en el templo y en la calle. Pero fueron, sobre todo, las cofradías penitenciales las impulsoras de las procesiones y por consiguiente de las imágenes procesionales


FRANCISCO SALZILLO 

Francisco Salzillo (1707-1783). Escultor español, hijo del escultor napolitano Nicolás Salzillo, establecido en Murcia. Francisco Salzillo Alcaraz conoció desde su infancia el arte de la escultura, aprendió las reglas de su propio padre.

Especializado en escultura religiosa, en imaginería de madera policromada.

Su obra puede dividirse en tres etapas, cada una de las cuales está influenciada por circunstancias autobiográficas. 


ETAPAS DE FRANCISCO SALZILLO 

En la ETAPA DE INICIACIÓN (de 1727 a 1746) contrajo matrimonio y concibió alguna de sus obras  más elegantes, llenas de barroquismo de cierto gusto napolitano: la Dolorosa de Santa Catalina es buen ejemplo de ello.

En la ETAPA DE MADUREZ (de 1746 a 1765) se produce la muerte de su esposa. Es la época de plenitud, en la que se produjeron siete de los ocho pasos de la Cofradía de Jesús. La Caída, la Oración del Huerto, el Prendimiento, la Cena, la Dolorosa, San Juan y, la Verónica son obras de este período.

En su ETAPA DE DECADENCIA, la multiplicación del trabajo le exige realizar una labor agobiadora y urgente, requiriendo la colaboración de discípulos. Esta etapa se extiende desde 1765 a 1783, en ella realizó el último paso para la Cofradía de Jesús, "Los Azotes“. También de este periodo es el Belén.


CARACTERÍSTICAS DE SUS OBRAS 

Su arte no está tanto al servicio de la Iglesia como al del pueblo. Muy entroncado con el arte italiano de la época, trasluce en su obra ese ligero encanto frívolo y rococó tan de moda en la Europa del siglo XVIII. Contacta con el alma del pueblo, por lo que fue admirado y comprendido inmediatamente.

Es un representante de la estética religiosa enraizada en la sensibilidad local. Es el gran maestro del XVIII. Entre las influencias paternas cabe citar como en alguna de sus obras, la mano izquierda siempre está sobre el pecho, mientras que la derecha está extendida. Cabe hablar también de influencias de Bernini.

Sus rostros son voluminosos y en ellos la barba casi siempre aparece. Le gusta la riqueza de oro y el plegado de paños. Es amigo del movimiento, del color y de la belleza frágil, expresa muy bien la devoción casera, la delicada y femenina sensibilidad y el sentimiento de la burguesía del s. XVIII. 

Su capacidad para copiar del natural los gestos, los movimientos, las formas, queda plasmada en toda su obra, en los pasos de Semana Santa, pero sobre todo en el Belén. Salzillo cierra en España el gran ciclo del barroco y abre, con el equilibrio de su plástica, el gusto por lo clásico.


Oración en el Huerto (1754)
Conservada en el Museo Salzillo de Murcia, es una obra cumbre del barroco español. Destaca por su intenso dramatismo, realismo y composición dinámica, policromada con gran maestría, que representa a un Cristo abatido siendo consolado por un ángel idealizado, junto a los apóstoles dormidos. 

Análisis Formal
Composición: El grupo se divide en dos escenas o planos. En primer plano, Cristo arrodillado con gran abatimiento, cuyas manos y postura expresan dolor, frente al ángel que, en posición casi ingrávida y con alas, señala el cáliz en un alarde de dinamismo. En un plano inferior o más apartado, los apóstoles (Pedro, Santiago y Juan) duermen en posturas de abandono, contrastando con la escena divina.
Modelado y Expresión: Salzillo logra un contraste entre la humanidad lacerada de Cristo (rostro amoratado, expresión agónica) y la belleza idealizada y etérea del ángel.
Policromía: La encarnación es suave pero intensa, utilizando tonos violetas y pálidos para resaltar el sufrimiento de Jesús. 

Análisis Estilístico
Barroco Español: Se enmarca en el estilo barroco tardío, siguiendo la tradición contrarreformista de buscar la emoción y la fe a través de la representación realista del dolor, típica de la imaginería procesional.
Dinamismo y Sensación: La obra no busca la estatismo, sino que transmite movimiento a través de los pliegues de las vestiduras, la postura volátil del ángel y el giro de las figuras, creando una atmósfera teatral.
Realismo Emocional: Aunque idealizado en el ángel, el conjunto apuesta por la veracidad de la angustia psicológica, buscando la empatía directa del espectador.
Influencia: Muestra la maestría de Salzillo para combinar la técnica tradicional de la madera tallada con una expresividad pictórica, preparando el paso para la procesión de Viernes Santo. 

Esta obra es, junto con el resto de los Pasos de la Cofradía de Jesús Nazareno, la pieza más emblemática del patrimonio barroco murciano.