7- EL ESPACIO ARQUITECTÓNICO Y EL URBANISMO EN EL BARROCO: BORROMINI Y BERNINI

El Barroco es un estilo artístico que se desarrolló en Europa e Iberoamérica durante los siglos XVII y XVIII. Opuesto al clasicismo, se caracteriza por la complejidad y el dinamismo de las formas, la riqueza de la ornamentación y el efectismo. El concepto fue evolucionando a lo largo de la Edad Moderna. Siempre se vinculó con lo excesivamente complicado, ampuloso, recargado y extravagante. 

Su alejamiento de las normas clásicas (al equilibrio, a las proporciones, a la armonía) convirtió al Barroco en un movimiento contrario a los elementos formales del Renacimiento.

El Barroco se distingue por ser un arte capaz de emocionar y conmover al pueblo. Su fuerza y su dinamismo impactan en el público, haciendo que este estilo se vincule con todos los núcleos de poder social de los siglos XVII y XVIII en Europa.

En las cortes, es el arte que se pone al servicio de los nobles absolutistas, cuyo afán de esplendor se traduce en la magnitud de los proyectos y en la rimbombante decoración. El Barroco se convierte en el arte del Imperio Español (en ciudades peninsulares -Madrid, Sevilla, Valencia, Murcia,...-, en las colonias americanas y en los territorios europeos -Nápoles, Flandes,...-), de los reyes de Francia, de los gobernantes de Portugal, etc.

En Roma, epicentro del arte desde el siglo XVI, el Barroco renueva la iconografía católica. Se impone el gusto por las composiciones aparatosas, por el tono triunfal y por la actitud activa contra las herejías. En contraposición, también las burguesías del norte de Europa identifican este estilo como el arte para representar la grandeza burguesa.

Arquitectura barroca y urbanismo

Todas las escuelas arquitectónicas del Barroco comparten ciertos elementos comunes, como el orden colosal y la riqueza de ornamentación. Al ser un estilo muy extendido por Europa y América, se perfilan rasgos particulares en cada territorio; estas características propias se aprecian especialmente en los espacios interiores y en las fachas.

La arquitectura barroca italiana se caracteriza por sus plantas movidas, que contraen y dilatan el espacio mediante paredes cóncavas y convexas. Idéntica curvatura de líneas y planos transmiten a las fachadas, gozando los artistas de libertad para improvisar edificios originales, sobre todo, en Roma.

El barroco romano gira en torno a dos polos contradictorios, ejemplificados por dos arquitectos rivales: Gian Lorenzo Bernini y Francesco Borromini. Ambos comparten ciertos recursos, como los edificios de planta elíptica con muros alabeados; sin embargo, hacen un uso diferente de los órdenes clásicos, de los materiales, del espacio y de la luz.

Gian Lorenzo Bernini

Francesco Borromini

Genio perfecto y de envidiables cualidades morales: buen hijo, buen padre y buen esposo.

Irascible, de carácter violento y final atormentado: se suicida con una espada desesperado por una cruel enfermedad.

Éxito ininterrumpido. Trabajó para reyes, duques y aristócratas. Sirvió a ocho Papas diferentes en el Vaticano.

Comienzos discretos. Sus clientes fueron las órdenes religiosas más modestas

Respetó las proporciones delos órdenes y las reglas de composición.

Su fantasía rompió las normas, inventando nuevos elementos.

Su material de construcción más utilizado fue el mármol.

Usó materiales baratos, como el ladrillo, el estuco y el revoque (cal y arena).

Plantea espacios abiertos con curvas y contracurvas diáfanas.

Sus espacios son artificiales y reducidos, complicándolos con alabeos secundarios.

Deja las fachadas e interiores pulidos para que la luz y la sombra los bañen por igual.

Afila perfiles, añade resaltes y aplica aristas para que la luz se quiebre, creando claroscuros.

Columnata de San Pedro

San Carlos alle Quattro Fontane


Urbanismo en el Barroco

Las ciudades-estado que habían florecido en el Renacimiento evolucionan para convertirse en capitales, hogares de reyes y aristócratas que reflejan su poder. El Barroco se convierte en el estilo que transforma los núcleos urbanos, creando nuevos enclaves simbólicos mediante el uso novedoso de perspectivas espacios.

Las ciudades medievales habían sido fundamentalmente radiocéntricas, estructuradas en torno a la plaza central donde transcurría la vida social de sus habitantes. La ciudad barroca es más dinámica y abierta; está preparada para crecer, para ser más grande y acoger más habitantes. Busca ser un referente no sólo para sus habitantes, sino también para todo el territorio: la murallas medievales dan paso a núcleos urbanos que aspiran a ser capitales.

El Barroco entiende la ciudad como un todo, que crece y avanza. Esta apertura provoca un encuentro con el exterior, haciendo que los espacios naturales se integren como parte de lo urbano: se une lo artificial y lo natural en el marco de las ciudades. Este hecho se refleja en los grandes jardines que embellecen las zonas nobles y la integración del paisaje.

Un ejemplo de esta tendencia son las residencias de los monarcas absolutos franceses. Los grandes palacios son rodeados por extensos jardines, que se adornan con esculturas mitológicas. Estas construcciones reflejan la grandeza de sus gobernantes y logran impresionar tanto a su propio pueblo como a otros aristócratas que los visitan.

Los proyectos resultan tan monumentales que han de realizarse lejos del centro urbano, como sucede con el Palacio de Versalles, en París.


El área que ocupa el Palacio de Versalles era un antiguo coto de caza. El rey Luis XIV, que hasta entonces vivía en el Louvre, decidió construir allí su palacio en el siglo XVII. El palacio experimentó diferentes ampliaciones durante varias décadas. Sus jardines no sólo fueron diseñados para acoger fuentes, esculturas y espacios verdes, sino que también incluyeron invernaderos y un zoológico.

La figura del rey siempre fue la referencia central en su arquitectura interior, organizando las estancias del palacio en torno a sus habitaciones.





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