6- ARTISTAS Y PATRONOS EN LA EUROPA DEL RENACIMIENTO

El Renacimiento es un período de transición entre la Edad Media y la Edad Moderna. Se sitúa en los siglos XV y XVI en la Europa Occidental. Se caracteriza por la recuperación de los valores espirituales y formales de la antigüedad clásica, que habían permanecido sepultados durante la Edad Media.

Entre los valores espirituales, destacaron el estudio de las humanidades, orientadas perfeccionar la naturaleza humana y preparar al hombre para la vida pública potenciando sus virtudes cívicas.

Entre los valores formales, exaltaron los elementos del arte grecorromano, realizando un estudio científico de técnicas, proporciones y sistemas matemáticos usados en las obras clásicas. El retorno a modelos antiguos también fue una vía para recuperar la moral evangélica y hacer del arte una herramienta para reivindicar valores tradicionales.

La ciudad de Florencia se convierte en la capital del Renacimiento. Su emergente economía atrae no sólo a los comerciantes y banqueros, sino también a los principales artistas del siglo XV. Tres principios destacan en el estilo renacentista:
- antropocentrismo: el hombre ocupa el centro del universo
- teoría de las proporciones del cuerpo humano: se recupera el canon ideal de proporciones de Lisipo (ocho cabezas) y se entiende que la altura total debe ser igual a la envergadura (longitud de los brazos extendidos)
- leyes de la perspectiva: se incluyen los personajes en marcos urbanos, por lo que se busca que haya una armonía entre los seres humanos y los elementos naturales y arquitectónicos.

Patronos y artistas en el Renacimiento
El Quattrocento italiano define la primera etapa del Renacimiento, durante el siglo XV. En este período, el territorio de Italia está dividido en ciudades-estado que son gobernadas por príncipes y donde las ricas familias burguesas ejercen un gran poder social, económico y político. En este período destaca la familia de los Medici, en Florencia. 

El gusto por la ostentación, la belleza monumental, el lujo en las vestiduras y la decoración en las viviendas es algo muy vivo en estas cortes. Se multiplican las fiestas y las recepciones, lo que hace que aumente la demanda de encargos artísticos. Estos patronos del Quattrocento se oponen frontalmente al gusto gótico, lo que impulsa el arte humanista y los valores renacentistas.

Artistas como Brunelleschi, Masaccio, Donatello o Piero della Francesca son demandados por los mecenas, admirando un arte innovador y nunca visto antes.


El Cinquecento se relaciona con la segunda etapa del Renacimiento en Italia. En algunas ciudades-estado se producen revueltas populares. En Florencia, la muerte de Lorenzo de Medici (conocido como Lorenzo El Magnífico) abre una crisis en la ciudad toscana, marcando su fin como capital del arte del Renacimiento.

Roma atrae entonces a los principales genios de la época, como Bernini, Rafael o Miguel Ángel. Los Papas y el Vaticano se convierten en los principales patronos. La Iglesia, en época de reformas y conflictos religiosos en toda Europa, busca atraer y emocionar al público. Bajo los pontificados de Julio II y de León X, Roma va a ser el escenario de la etapa dorada del Renacimiento.

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