4- LA CATEDRAL GÓTICA

El arte gótico nace en la segunda mitad del siglo XII y abarca cuatro siglos. El rasgo más distintivo de este periodo es que los arquitectos medievales comienzan a sustituir el arco de medio punto por el arco ojival (o apuntado), y la bóveda de cañón por la de crucería. El desarrollo progresivo de esta cubierta permitió una mayor altura y longitud del edificio y, lo que es más importante, abrir en las paredes grandes ventanales para la iluminación.


Al contrario que el románico, el gótico se caracteriza por ser un arte urbano: nace en la ciudad de París y se extenderá por Europa durante casi cuatro siglos. Está condicionado por dos factores: la cualificación de los maestros de obra y la necesidad de una importante financiación para ejecutar las obras.

Los maestros de obra dominan el arte del cálculo, con unos amplios conocimientos científicos de la combinación y la distribución de fuerzas. Esto les permite idear enormes estructuras elevadas, con esqueletos de piedra flexibles que se revestían de cristal.

Estas fabulosas construcciones requerían muchos recursos humanos, materiales y financieros. Por ello, en este período levantar una catedral gótica, además de su simbolismo religioso, constituye un motivo de prestigio para la ciudad que es capaz de financiarla.


Una catedral es la iglesia principal de una diócesis, donde el obispo tiene su sede. Las primeras grandes catedrales góticas se levantan en Francia a partir del siglo XII, como la de París (1163) o la de Reims (1211). Por su tamaño y su complejidad, era habitual que su construcción se prolongase durante décadas.

En su planta se encuentran elementos de la iglesia románica de peregrinación: su planta es cruciforme y muestra un amplísimo desarrollo de la cabecera, con girola y capillas radiales. Su interior se levanta en diferentes pisos, elevándose gracias a las bóvedas de crucería con amplias ventanas que iluminan el interior, triforio y tribunas. 

El arbotante se convierte en un elemento clave en la catedral gótica. Se trata de un gran brazo de piedra exterior que neutraliza el empuje de las bóvedas de crucería centrales, descargándolo sobre los contrafuertes laterales. Su uso generalizado permite construir grande edificios llenos de luz con cinco y hasta siete naves, con sólo tres pisos de altura: la arcada de separación, un reducido triforio y un ventanal muy elevado.


La fachada principal suele presentar tres puertas de acceso, que s
e enmarcan con arcos apuntados. Por lo general se multiplica la decoración escultórica, en muchas ocasiones de bulto redondo o altísimo relieve. Estos pórticos góticos son más humanos que los románicos; en el parteluz, es habitual encontrar imágenes de la virgen, como anfitriona para los visitantes. Además de la virgen, también se presenta con frecuencia el tema del Juicio Final, tal y como sucede en la Catedral de León.

La riqueza escultórica de los pórticos góticos se refleja en los dinteles, en los tímpanos y en el uso de arquivoltas apuntadas, donde aparecen figuras de carácter humano y divino. Las puertas de acceso están flanqueadas por torres-campanario. Se remata con un radiante rosetón.

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