1. Cueva de Altamira

Se cree que las primeras manifestaciones del arte formaban parte de una sociedad que se extendió por Europa hace 40.000 años. La expresión visual de esas culturas se manifestó en las paredes de las cuevas reflejando una ideología caracterizada por la dualidad hombre-animal. Constituía su forma de memoria, de perpetuación de sus ideas y pensamientos, y de trasmitir mensajes.

La Cueva de Altamira (Cantabria) fue la primera que se descubrió, la primera que se estudió y publicó asociando su arte al mundo prehistórico. Las imágenes representadas son historias, temas en los que se apoyó la vida de esas personas. El lugar se ha conservado de manera excepcional gracias a que un derrumbe cerró la entrada a la cueva hace 13.000 años. A finales del siglo XIX esas imágenes se conocieron de forma paralela al desarrollo de la arqueología, constituyendo uno de los descubrimientos más importantes de la historia del arte.



Más de trescientas figuras entrelazadas, superpuestas a lo largo de 20.000 años. Grabadas, dibujadas o pintadas pero siempre concibiéndose la representación como un todo. Representaciones figurativas y abstractas, en rojo y negro, pero también en ese ocre dorado de la misma roca que hizo pensar en su policromía.


La cueva ofrece pinturas rupestres de gran valor a lo largo de casi 300 metros. Destaca el techo de los policromos, considerado la Capilla Sixtina del período cuaternario. Figuras abstractas y de animales ilustran las ideas fundamentales del grupo. Caballos, ciervos y bisontes pintados o grabados poblaron el techo de los policromos creando una acumulación de gran interés.

El arte estaba planificado en Altamira, desde la elección del soporte hasta el resultado final. Representaciones naturalistas de los animales surgían junto a signos diversos, como formas diferenciadas y complementarias al mismo tiempo. Agrupados, combinándose y superponiéndose en el soporte, mezclando varias técnicas como la incisión o el grabado en la roca, con el dibujo y la pintura.

La naturaleza proporcionaba las materias primas para crear el arte y las personas las transformaban. Bloques de sílex se tallaban para obtener finos buriles con que incidir en la roca, huesos de ave huecos en su interior se convirtieron en difusores de pigmentos que dejaban su impronta en las paredes. Con óxidos de hierro, mezclados con agua como aglutinante y con carbones creaban los colorantes que servían para pintar.

El ocre fue el mineral más utilizado en Altamira. Es un óxido de hierro hidratado mezclado con arcilla cuya variedad cromática va del amarillo al marrón pasando por el naranja o el rojo, el principal en el techo de polícromos.




La Cueva de Altamira guarda las expresiones de los diferentes grupos que la habitaron desde hace 35.000 años y hasta 13.000. Constituye su legado, el reflejo de su mundo y de su forma de verlo, su relación con la naturaleza a través de un código simbólico que refleja su mentalidad. La cueva de Altamira fue inscrita en la lista de Patrimonio Mundial de UNESCO en 1985.

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